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	<title>Metatongosis's Blog</title>
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		<title>MEDIO TOMATE Y MEDIO PITAYA. CAP 14</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 22:27:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP14]]></category>

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		<description><![CDATA[Pude ver a mi mejor amigo en el cielo cuando el vagón amenazaba con descender, hasta que se dejó caer por la gravedad, sin prejuicios. -Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa- Fue una caída corta, vertiginosa.La velocidad opacaba los pequeños “tricks”, ahora se escuchaba como un “rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr”, un “rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr” metálico con garras. Y bajé, bajé sentado en un vagón, y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=138&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-89" title="metatongosis" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/03/metatongosis.jpg?w=150&#038;h=150" alt="metatongosis" width="150" height="150" />Pude ver a mi mejor amigo en el cielo cuando el vagón amenazaba con descender, hasta que se dejó caer por la gravedad, sin prejuicios.</p>
<p>-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa- Fue una caída corta, vertiginosa.La velocidad opacaba los pequeños “tricks”, ahora se escuchaba como un “rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr”, un “rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr” metálico con garras. Y bajé, bajé sentado en un vagón, y él subió, subió pendido en sus alas, blancas, más blancas que las nubes.</p>
<p>Yo bajo, él sube y las líneas de nuestras vidas se separan. Arriba, abajo, arriba, abajo. Hasta que el vagón se detuvo frente a un espejo. Lo reconocí al instante, era el espejo de salida. Me enseñaba  mi cuerpo arrugado, mohoso, vinotinto, con algunas partes negras, mis dientes amarillos y la lejanía en mi mirada, había perdido el interés.</p>
<p>Me dejé llevar. Salté fuera del vagón. Me acercaba a mi propia imagen descompuesta. Me observé detenidamente, sin juicios, sin dramatismo, más feliz que triste. Miré al cielo. Podía ver el puntico pequeño que señalaba las alas de mi mejor amigo. Un adiós y… Adiós.</p>
<p>Atravesé el espejo, no dolió. Salté con calma, con certeza de que había aprendido. Había aprendido a dejar de ser niño, a dejar de ser tomate. Salté sin pensar en mi futuro, salté a través del túnel hasta que mi pata llegó donde todo había comenzado… mi habitación.</p>
<p>- ¿No te gustan las despedidas. Cierto? &#8211; Me dijo mi tío sentado en mi cama. Habia desaparecido los parches de cemento que reemplazaron la ventana y la claraboya, ahora los rayos de sol atravesaban sus marcos sin vidrios. Las dos iluminaban mi habitación. Mi tío soportaba con tristeza los fastidiosos rayos de luz, a su lado descansaba el libro de mi niñez. Mis ojos, bobalicones y ausentes, obsrevaron los de mi tío, escurridizos y melancólicos.</p>
<p>-Entonces- Le dije- ¿Y ahora qué?</p>
<p>-Ya no puedes ser tomate- Mi tío clavó su mirada en el piso-Creo que…</p>
<p>-Ni niño- interrumpí.</p>
<p>-Ni niño-Repitió.</p>
<p>El capitán rojo se levantó, caminó hacia la puerta.</p>
<p>-Vamos-dijo mirando al frente</p>
<p>-Vamos- Y lo seguí.</p>
<p>Mi tomate arrugado dio media vuelta, posó su ceño fruncido sobre el mío y luego sobre la ventana; permisiva con los rayos de luz.</p>
<p>-Es allá- Me dijo mirando el marco luminoso- Vete, salta por la ventana, te van a matar&#8230; Ser un tomate es agotador- Y giró de nuevo hacia la puerta.</p>
<p>Sin apegos, sin sentimentalismo, sin nostalgias, sin dolor. Así fue como me abalancé por la ventana y caí, caí, caí y pensé, pensé y pensé. Pensé en dónde iba a caer. Hasta que un colchón de tierra y árboles me recibieron. Los rayos de sol  golpeaban mi arrugada tez, y permanecí allí, con la piel tostada, endurecida por el calor de la luz solar.</p>
<p>Conforme pasa el tiempo, veo  semillas desprenderse de mis entrañas, son amarillitas y están llenas de vida,se hunden en la tierra. Todo me huele a azúcar y a pitaya, y ayer hablé con el conde pátula, y jugué con las mariposas ,y ya no siento nada, y nada me duele, y nada me hace llorar, y me siento en la nada.</p>
<p>Rimpori viene de vez en cuando. Soy feliz. A veces me como una que otra flor. Estoy trabajando en mis semillas, las siembro, las riego y de la tierra han germinado unas hermosas plantas tan verdes como los tomates jóvenes, en las mañanas me saludan, de sus ramas han comenzados a brotar unos frutos hermosos que parecen tomates, tomates con olor dulzón, con olor a cielo de azúcar. Y cuando mis amigos me preguntan quién soy yo, les respondo que soy medio tomate y medio pitaya.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/metatongosis.wordpress.com/138/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/metatongosis.wordpress.com/138/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/metatongosis.wordpress.com/138/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/metatongosis.wordpress.com/138/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/metatongosis.wordpress.com/138/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/metatongosis.wordpress.com/138/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/metatongosis.wordpress.com/138/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/metatongosis.wordpress.com/138/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/metatongosis.wordpress.com/138/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/metatongosis.wordpress.com/138/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/metatongosis.wordpress.com/138/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/metatongosis.wordpress.com/138/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/metatongosis.wordpress.com/138/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/metatongosis.wordpress.com/138/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=138&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>LOS IDOS. CAP 13</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 22:11:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP13]]></category>

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		<description><![CDATA[-Cuando me vaya no te van a saber igual la pitayas- Me dijo Rimpori. Yo escuchaba como medio hipnotizado por el sonido metálico y oxidado de las tuercas de la montaña rusa en ascenso. Crack, trick, trick. Sube para que pueda saborear el humo carrasposo de las nubes. -¿Me estás escuchando?- Gritó Rimpori. -No te [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=135&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-88" title="PSICODELIATOMATE copy" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/03/psicodeliatomate-copy3.jpg?w=150&#038;h=150" alt="PSICODELIATOMATE copy" width="150" height="150" />-Cuando me vaya no te van a saber igual la pitayas- Me dijo Rimpori.</p>
<p>Yo escuchaba como medio hipnotizado por el sonido metálico y oxidado de las tuercas de la montaña rusa en ascenso. Crack, trick, trick. Sube para que pueda saborear el humo carrasposo de las nubes.</p>
<p>-¿Me estás escuchando?- Gritó Rimpori.</p>
<p>-No te creo-Le respondí.</p>
<p>Rimpori agitó su camiseta. De las ondulaciones volaron pepitas de pitaya que desprendían ese olor a azúcar sobre mis narices.</p>
<p>-¿No me crees?- Me dijo cuando el traqueteo metálico cesó casi por completo. Sólo los últimos impertinentes “Tricks” se sentían vibrar cuando el vagón se acomodaba en la cima.</p>
<p>-No- Le respondí. E inmediatamente mi mejor amigo saco sus suaves y esponjosas alas y se fue volando.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/metatongosis.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/metatongosis.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/metatongosis.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/metatongosis.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/metatongosis.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/metatongosis.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/metatongosis.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/metatongosis.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/metatongosis.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/metatongosis.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/metatongosis.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/metatongosis.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/metatongosis.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/metatongosis.wordpress.com/135/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=135&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>DE REGRESO AL TOMATE DEL NUNCA JAMÁS. CAP 12</title>
		<link>http://metatongosis.wordpress.com/2009/06/22/de-regreso-al-pais-del-nunca-jamas/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 22:09:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP12]]></category>

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		<description><![CDATA[Retornaron  los árboles y la eterna primavera . Y fui abriendo mis ojos, luchadores peleaban por ver los manchones de color. Mis párpados continuaban ascendiendo hasta caer vencidos, exhaustos. Mis pensamientos quedaron sumidos en un profundo sueño. -“Verde”-Fue lo primero que balbucee cuando abrí los ojos. Los colores tomaron forma lentamente. Ahí estaban los árboles [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=133&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Retornaron  los árboles y la eterna primavera .<img class="alignright size-thumbnail wp-image-120" title="tomates" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/06/tomates.jpg?w=150&#038;h=111" alt="tomates" width="150" height="111" /></p>
<p>Y fui abriendo mis ojos, luchadores peleaban por ver los manchones de color. Mis párpados continuaban ascendiendo hasta caer vencidos, exhaustos. Mis pensamientos quedaron sumidos en un profundo sueño.</p>
<p>-“Verde”-Fue lo primero que balbucee cuando abrí los ojos. Los colores tomaron forma lentamente. Ahí estaban los árboles imponentes, grandes, tranquilos y tupidos de libros parlantes. La imagen me alivió después de aquel episodio lleno de dolor. El espejo arrancó uno a uno  mis pedazos de piel mohosa y arrugada, lanzó sus palabras mortíferas, acuchilló mi cerebro hasta dejarme en la inconsciencia, hasta traerme de nuevo al verde.</p>
<p>-¿Cómo estás?- Rimpori me saludaba. Estaba a mi lado derecho, me miraba a los ojos comprobando que cada fibra de mi cuerpo estuviera en su sitio.</p>
<p>-Una colcha de retazos- Le dije riendo-¿Cierto?- Rimpori río, no había nada más que hacer, sólo bastaba reír, dejar de huir, enfrentar mi destino.</p>
<p>- Has vivido mucho, ya no puedes ser un tomate- Rimpori agachó la mirada- No creo que vuelvas a la niñez.</p>
<p>-Probemos, busquemos el libro.</p>
<p>Yo y mi mejor amigo nos levantamos. Él ya no era el mismo, caminaba con cierto jadeo, como si le doliera la vida, caminaba por los senderos de la muerte.</p>
<p>Una patrulla de tomates secos, recostados en sus motonetas polarizadas nos esperaban en la rivera de un río.</p>
<p>-Buenas- Dijo uno-¿Les gustó el paseíto?- prosiguió en una burla sarcástica, caminó hacia nosotros. Abrió sus fauces, nos mostró la hilera torcida de dientes amarillos que se montaban uno encima de otros,  lisos. Tensionó su estómago y pude ver como por encima de sus dientes avanzaba un libro, recubierto por una baba inodora y viscosa. Cayó al suelo con fuerza, abierto, sus hojas dejaron escapar un olor a pitaya. Era mi niñez. Yo escuchaba la guerra de espadas entre Rimpori y yo, extasiado y me abalancé casi hipnotizado por el sobrenatural calor que me producían las imágenes que sobresalían entre las hojas.</p>
<p>- Nooooooooooooooooooo- gritó Rimpori</p>
<p>Yo ya estaba abajo, saboreando el aire dulce y tibio. El policía cerró el libro, como el juez cuando da una sentencia. Yo, tomate, Santiago, quedé atrapado en mi niñez.</p>
<p>El libro estaba en poder de los tomates veteranos, saltando con los bruscos movimientos de la motoneta que andaba veloz sobre el imperfecto suelo del bosque. Ahí iba yo  camino a la casa de los tomates. No saldría de mi libro nunca, porque afuera no me esperaba más que castigos.</p>
<p>Caí en un suelo blanco y suave, el cielo era azul, de nubes inmaculadas, esponjosas, de azúcar. El aire circulaba limpio al son de las melodiosas notas del carrito de helados. El problema es que no había nada más, se respiraba la soledad, una soledad feliz, tranquila, sola, absolutamente sola.</p>
<p>-Ey- Grité. Únicamente me respondieron los tardíos fonemas de mi eco; infinito; camuflado en  el imperceptible viento.</p>
<p>Por unos minutos permanecí estático, alerta a la aparición de cualquier cosa. Sentí un pequeño chuzón en mi pata, era el filo de una hoja que volaba con el viento, me agaché y la observé detenidamente, era el conde pátula . Lo había dibujado hace años, con su capa azul y su rostro verde, verde como un tomate joven. Recordé que cada vez que lo observaba,  su silueta se desprendía del fondo blanco y rayado del papel. Jugábamos días enteros al escondido de la nana e Igor que no aceptaban nuestra amistad. Ahora, era un simple pedazo de papel que yo observaba incapaz de darle vida.</p>
<p>Mi pata pasó por encima del dibujo y salté hasta que mi conde quedó lejos en el horizonte,  a mis espaldas. Avancé bajo el cielo incierto, millones de sonidos coqueteaban con mis oídos, sonidos sin imágenes, sonidos muertos, la música de un pasado que no quería ser revivido. El relinchar de los caballos, el choque de espadas, el  carrito de helados con su “Para Elisa” “Beethoven debe estar revolcándose en su tumba”- Pensé, al recordar la bicicleta rayada y oxidada que cargaba los conitos y la crema de helado.</p>
<p>Salté, salté. Escuche mi tierna voz de médico “Señora mamá: usted tiene amigdalitis en los ojos” o de enfermo: “Mami no puedo ir a estudiar porque tengo un cólico en una pierna”, las risotadas con “bugs bunny”  y uno que otro regaño.</p>
<p>Salté, salté, Salte  y el cielo seguía siendo azul, dulcecito. Abrí mi boca para intentar probarlo pero no saboreé  más que aire, aire normalito, el aire vacío, transparente. Salté, salte hasta quedar tendido en el suave suelo blanco…</p>
<p>Me desperté con el mismo sentimiento de nostalgia, de impotencia por no poder saborear como antes los juegos agridulces de príncipes, ni oler el shampoo de manzanilla que me dejaban los baños en la tina, donde era un tiburón, cuando era feliz, cuando el mundo era un juego, cuando todo tenía vida.</p>
<p>Alcé mi vista, los colores habían cambiado. El azul del cielo era reemplazado por un morado esponjoso, afelpado, era el hocico de mi osito cariñosito, el de la oreja rota. Ahora no lo podía agarrar con mis manos y observar, entre sus orejas deshilachadas, la cocina de blanca nieves. Era grande, tan grande como un rascacielos, como un Dios, como mi única oportunidad para encontrar lo que tanto buscaba. Lo observé absorto. Mi pata se movió por la curiosidad de encontrar sus orejas; por agarrar uno a uno los platos blanquitos, colgados en un escaparate, ahí dentro en el roto, donde meten el algodón, ahí, ahí.</p>
<p>Me agarré con los dientes de las fibras bordadas  en su panza, mi pata se apoyó en un bracito suave, acolchonadito, mis dientes se engarzaron del hocico, hasta que la cima me recibió victorioso.</p>
<p>De nuevo salté, salté, salte pensando en que era mi última oportunidad de ver algo de mi niñez. Si puedo ver la cocina en las orejas del cariñosito bajaré a tierra, e insistiré. La música pasada tomará forma, no me bastará con escuchar, quiero ver, quiero jugar y me saldrán un par de pies rosaditos y suaves, un par de manitos pequeñas y exploradoras, volveré a tener cabello, esos crespitos en espiral que le daban la vuelta al mundo,  mis mejillas estarán rozagantes y mi boca se llenará de dientes blanquitos llenitos de leche. Volveré a ser un niñooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo.</p>
<p>Esto me recordaba un sueño, antes de llegar había caído al vacío.</p>
<p>Caí, caí y mientras caía pensé, pensé en desaparecer, en salir volando, en dejar esta lucha, en volver a ser un tomate y llorar por las rosas. Caí, caí, caí.</p>
<p>Caí en un vagón, pero no en vagón de tren, era de montaña rusa. Rimpori estaba a mi lado. Los traqueteos metálicos nos hacían ascender.</p>
<p>- Me gustaría salir volando, olvidar todo esto estoy cansado. CAN-SA-DO-Susurré</p>
<p>-Ni lo pienses- Me dijo Rimpori- Sonrió- Su semblante había cambiado. Mi mejor amigo había tomado un baño de vida, su espalda se conservaba recta y sus mejillas estaban rosaditas-shh no lo digas, no lo digas.</p>
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		<title>EL TOMATE DE NOÉ. CAP 11</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 21:41:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP11]]></category>

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		<description><![CDATA[Las aguas del diluvio inundaron la tierra. Los Cielos abrieron sus cataratas de lágrimas y estuvo lloviendo sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. Al décimo día navegaba el silencio rojo sobre las aguas, en sus lomos descansaban inertes un tomate rojizo y su amigo imaginario. Estériles, llenos de cotidianidad. De pronto el rostro [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=131&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las aguas del diluvio inundaron la tierra. Los Cielos abrieron sus cataratas de lágrimas y estuvo lloviendo sobre la tierra cuarenta días y <img class="alignright size-thumbnail wp-image-88" title="PSICODELIATOMATE copy" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/03/psicodeliatomate-copy3.jpg?w=150&#038;h=150" alt="PSICODELIATOMATE copy" width="150" height="150" />cuarenta noches.</p>
<p>Al décimo día navegaba el silencio rojo sobre las aguas, en sus lomos descansaban inertes un tomate rojizo y su amigo imaginario. Estériles, llenos de cotidianidad. De pronto el rostro del tomate adquirió facciones de anormalidad.</p>
<p>-¿Qué es eso?- Dijo.</p>
<p>-¿Qué?- Preguntó su amigo imaginario.</p>
<p>-¿Ese punto en el infinito?</p>
<p>Y tuvieron que esperar a que su gran vehículo llegara hasta esa materia blanca. Fueron siete días. Un asunto extra cotidiano como el de alcanzar un punto pequeño en el infinito, los hizo prepararse. Organizaron el techo verde y limpiaron el suelo rojo y homogéneo hasta lucir brillante, reflectivo. En el día observaban sus múltiples reflejos en el suelo y en la noches vigilaban alertas a su alrededor, temerosos de las tinieblas. Pasaron seis lunas lluviosas, opacadas por el llanto silencioso. En cada amanecer el punto se hacía más grande, más colorido, cargado de textura y olores dulces. El séptimo sol los recibió con un jardín de rosas, todas blancas, incomprensibles, esquivas y groseras. Dormían bajo la lluvia que tocaba el suelo caliente hasta exhalar un vapor venenoso.</p>
<p>Rimpori saltó emocionado, Santiago seguía durmiendo.</p>
<p>-AAAAAAAAAAAAAAA- Gritó Rimpori.</p>
<p>Santiago se levantó alarmado. El gran tomate había cesado de navegar, un gran obstáculo le impedía avanzar hacia el horizonte; era el pequeño punto convertido en un jardín de rosas blancas sobre un islote pequeño bajo la lluvia. Rimpori caminaba entre las majestuosas flores, vomitaba sangre por los labios, sangre blanca, de olor dulzón. Santiago, irguió su única pata, dio varios saltos hacia adelante, cerró los ojos y saltó a la isla de rosas. Rimpori lloraba de placer, “aaa, sí, sí, sí”.</p>
<p>-No comás más rosas- Gritó Santiago, con un aire de desinterés</p>
<p>Rimpori permanecía ajeno a la realidad, masticando y exhalando balbuceos de placer. Santiago lo observó con una tranquilidad inconsciente, las rosas lo atraían de manera hipnótica. El día diecisiete permanecieron inmóviles tomate y amigo imaginario, golpeados por las gotas de lluvia caliente y salada. El primero observaba al segundo engullir con sevicia las rosas blancas.</p>
<p>Aquella noche Santiago y Rimpori permanecieron absortos bajo la lluvia, el tomate en las piernas del segundo que lloraba en silencio, en el infinito.</p>
<p>Al los cuarenta días el diluvio cesó. La sequía sorprendió a Santiago más rojo y arrugado, y a Rimpori con un dolor en el pecho, con dolor de rosa.</p>
<p>El nivel del a agua descendió hasta la tierra y hubo silencio, un silencio cargado de mensajes, de premoniciones, un silencio que anunciaba, un silencio denso, ruidoso. Fue aquel silencio el que sacó a Rimpori de su melancolía. Las tinieblas los sorprendieron sentados en un gran tomate que se arrugaba, se hacía más viejo, más tomate.</p>
<p>-Lo siento- susurró Rimpori- Ya vienen- sus palabras caían  débiles, no transmitían interés alguno de huir, permanecían sedentarias y pesadas en los lomos del tomate gigante. Santiago había olvidado el dolor y ansiaba salir de aquella desastrosa infancia.</p>
<p> </p>
<p>El sol salió a tostar la tierra. La sequía era inminente y las vibraciones de las manchas comenzaban a golpear el suelo. Se acercaban. Avanzaba el día, avanzaba el calor, avanzaban las vibraciones, crecía el sopor, crecían los chillidos agudos de dolor y el cielo se desgarraba ante tan aterradores ruidos. El crepúsculo vino cargado de puñales convertidos en ondas sonoras y olor de manchas, de sangre de pitaya .</p>
<p>Las manchas llegaron majestuosas, casi etéreas. Acuchillaban con su canto y humedecían la tierra con su andar. Eran un centenar de manchas, acorralaron a tomate y mejor amigo;  los dos dispuestos, ensimismados. Ellas escupían palabras, preguntas, frases; afiladas, peligrosas,  caían al suelo y se iban fusionando, se iban convirtiendo en una sola, hasta que formaron una superficie plana.</p>
<p>Santiago y Rimpori tenían ante sus ojos un espejo gigante. Santiago vio reflejado su feo y amorfo cuerpo en la punta de sus pupilas y como un hoyo negro su propia imagen reflejada le fue desmenbrando, absorbía cada parte de su cuerpo, mancha a mancha, semilla a semilla. Santiago se dejó desgarrar por la fuerza inminente del espejo. Simplemente dolor, mucho dolor.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>EL PLANETA DE LOS TOMATES. CAP 10</title>
		<link>http://metatongosis.wordpress.com/2009/06/21/el-planeta-de-los-tomates/</link>
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		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 22:41:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP10]]></category>

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		<description><![CDATA[Ti, ti, ti, ti. Cada paso me sabe a sangre, dulce, de pitaya. En una sola pata saltaba hacia adelante por entre los vagones del tren. Rimpori caminaba a mi lado.  Salimos del gran vehículo y ante mis ojos se desplegó un mundo silencioso, denso, cargado de óxido y manchas. Las pitayas caían podridas, olvidadas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=119&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-120" title="tomates" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/06/tomates.jpg?w=150&#038;h=111" alt="tomates" width="150" height="111" />Ti, ti, ti, ti. Cada paso me sabe a sangre, dulce, de pitaya.</p>
<p>En una sola pata saltaba hacia adelante por entre los vagones del tren. Rimpori caminaba a mi lado.  Salimos del gran vehículo y ante mis ojos se desplegó un mundo silencioso, denso, cargado de óxido y manchas. Las pitayas caían podridas, olvidadas en la ausencia, y sus jugos se derramaban con vigor por entre los relieves de un suelo árido.</p>
<p>Mi cabeza giró rápidamente hacia los lados. Derecha, izquierda, izquierda, derecha. Deseaba hallar  las manchas que parecían habérselas tragado la tierra. Un deja vu encontrado en mis sueños.</p>
<p>Pisamos suelo de capitán rojo .Chaz, chaz, quemones de correazos. Rimpori  apuntó su espalda al cielo en una gran joroba y cerró los ojos. El ruido nos producía un escalofrío burbujeante. Chaz, Chaz, Chaz, con gran dinamismo agitaban la correa y a consecuencia un niño lloraba. Saltones lloriqueos con olor a saliva de compota. El cielo blanco adquiría un color grisáceo.</p>
<p>-Maaaaaaaaaaaaaaaa- se sentían los lloriqueos infantiles desde la tierra, provenían del cielo. Un cielo que abría sus ojos encharcados de lágrimas. Lágrimas, eran lágrimas las que se derramaban de las nubes, saladitas, tibias, con olor a pitaya, pero más que el olor, era ese llanto. Rimpori y yo permanecíamos inmóviles, contemplando un suceso en crescendo.</p>
<p>El lloriqueo se tornaba en llanto, el llanto en gritos y ese grito se multiplicaba. No sólo lloraba un niño, ni dos, ni tres. Cientos de berridos lacrimosos se escuchaban. Millones de niños descargaban toda su tristeza sobre nuestras cabezas y esa lluvia de lágrimas se convirtió en diluvio.</p>
<p>-SANTIAGO- Gritó Rimpori- ¿Te vas a quedar ahí?- Me dijo mientras me daba un fuerte empujón- Nos mojamos.</p>
<p>Yo estaba sumido en esa tristeza. Presenciaba con dolor todas las pelas que había recibido mi capitán, mi tomate arrugado…</p>
<p>Eran insoportables los berridos desesperados. Cada fonema sabía al purgante amargo que me dieron a los cuatro años y que me dejó con diarrea una semana. Entre toda esa tristeza no corrían más que las malas anécdotas de la niñez de mi tío. Ahí estaba él contándome una de sus pelas más dolorosas, cuando Rimpori me cargaba bajo el diluvio. Corría, corría, corría sin mirar para dónde iba. Lo hacía por huir. Siempre nos ha gustado huir, huir de las divisiones por tres cifras o de la vacuna contra la viruela, huir de la sopa de espinaca, de las tareas de álgebra o de mis papás en las fiestas con mis amigos, huir de las misas los domingos y de las reuniones familiares&#8230;</p>
<p>-PARÁ- Grité.</p>
<p>Rimpori se detuvo alarmado.</p>
<p>-¿Por qué estás corriendo?-Le reclamé.</p>
<p>Rimpori respiraba con fuerza. Yo podía sentir su pecho contra mi cuerpo, acelerado. No hubo respuesta. Simplemente los berridos que se hacían más insoportables. La lluvia comenzaba a lamernos las rodillas cuando vi una casita de madera, intacta, protegida por una enredadera, imponente frente a la lluvia.</p>
<p>-Allá- Grité y con la única pata que me quedaba señalé la casita. Rimpori me apretó con fuerza entre sus brazos y corrió hasta allí.</p>
<p>Entre más nos acercábamos más me maravillaba con aquella planta. Sus majestuosas ramas brillantes abrazaban con gran propiedad las tablas de madera, y de sus hojas verdes y peludas pendían unos frutos rojos, lisitos, homogéneos, con cabelleras verdes y abundantes… Eran tomates.</p>
<p>Rimpori llegó hasta la puerta, yo salté al suelo. Mis patas se hundían en la mezcla tibia de líquido y tierra. Rimpori trataba de abrir la puerta, golpeaba las palmas de sus manos contra la superficie maciza, abalanzaba su cuerpo, pero la gruesa puerta era inamovible. Yo escuchaba con gran esfuerzo los golpes que producía mi amigo debajo de los berridos que ahora se tornaban en una pataleta histérica, salida de la garganta carrasposa de un berrinche infantil. Caminé por entre la enredadera y aprecié con admiración a mis colegas. Eran tomates de buena conducta, enfrentando la lluvia con pasión, escuchando los berrinches con determinación y respeto. Por cada gota saladita que les caía se hacían más grandes, grandes, grandes, y yo me corría, me corría, me corría para que crecieran fuertes y hermosos. Doblaron mi tamaño, lo triplicaron, lo tetraplicaron hasta que perdí la cuenta de cuánto me habían sobrepasado. Cuando di la vuelta para ver Rimpori no lo encontré. Alarmado miré a mi alrededor. Comenzaba a hundirme en el agua y Rimpori había desaparecido.</p>
<p>-GOOOOO- Se escuchaba una débil voz desde arriba. Así que ascendí la mirada y allí estaba mi mejor amigo sobre un tomate, haciéndole el frente al diluvio de llanto. Agitaba las manos. Estaba sentado como encima de un  toro salvaje. El tomate navegaba por las aguas y Rimpori hacía movimientos extravagantes, antes de comenzar a descender hacia mí. Cuando estuvo cerca yo le extendí mi pata y él me agarró con fuerza.</p>
<p>Allá arriba nos apeamos en los lomos de nuestro tomate, sus verdes cabelleras nos sirvieron de techo y nos aguardaron del torrencial frío.</p>
<p>Se hizo de noche en el silencio. Ausencia de palabras le pude llamar a aquella tarde. Yo miraba la lluvia, Rimpori me miraba, yo miraba a Rimpori, suspiro y un tomate navegando…</p>
<p>Fue a la mañana siguiente cuando Rimpori se puso en pie y observo la lluvia.</p>
<p>-Nos persiguen-Me dijo dándome la espalda- Nos persiguen, son las manchas que nos quieren sacar de aquí.</p>
<p>-Yo me quiero ir de aquí-Le dije</p>
<p>-Pero las manchas castigan antes de sacarte-Respondió-Son guardianas de infancia y saben quién es su amo. Al parecer el capitán rojo nunca más volvió aquí y ahora no toleran ninguna presencia.</p>
<p>-Entonces…-exclamé.</p>
<p>-Entonces… Entonces. No sé. No conozco la salida y el diluvio no nos favorece… Entonces…Entonces esperemos que lleguen.</p>
<p>-¿Va a doler?- Le pregunté</p>
<p>-Va a doler, va a doler-Susurró.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>VIAJE AL CENTRO DEL TOMATE. CAP 9</title>
		<link>http://metatongosis.wordpress.com/2009/06/14/viaje-al-centro-del-tomate/</link>
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		<pubDate>Sun, 14 Jun 2009 22:59:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP9]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando miré hacia el frente no lo podía creer. Había encontrado la definición de lo indefinible, de lo extenso, de lo que no tiene fronteras. Un pasto verde,  parejito Y brillante se unía allá en el lejano fin con un cielo color pastel de visos violetas, azules y rosados; iluminado por los rayitos cálidos del sol [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=106&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando miré hacia el frente no lo podía creer. Había encontrado la definición de lo indefinible, de lo extenso, de lo que no tiene fronteras. <img class="alignright size-thumbnail wp-image-88" title="PSICODELIATOMATE copy" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/03/psicodeliatomate-copy3.jpg?w=150&#038;h=150" alt="PSICODELIATOMATE copy" width="150" height="150" />Un pasto verde,  parejito Y brillante se unía allá en el lejano fin con un cielo color pastel de visos violetas, azules y rosados; iluminado por los rayitos cálidos del sol que se abrían camino entre las blancas nubes. Podría definirlo con la palabra “dulce” pero este espacio supera la gran definición.</p>
<p>Caminábamos hacia el horizonte de azúcar. Había gran cantidad de árboles frutales, de hojas voladoras que, después de darle varias vueltas al tronco desnudo, se unían a las ramas haciendo figuras de animales, magníficas, de colores cambiantes como los del camaleón. Pendidas del cielo descansaban las pitayas dulzonas que aromatizaban el ambiente; Rimpori agarró una y la partió con sus dientes, me ofreció un pedazo jugoso y gotereante, al introducírmelo en mi boca la fruta se deshacía tan frágil y jugosa&#8230; dulce, dulce, dulce.</p>
<p>Nuestros pasos aplastaban el pasto verde y suave. Parecíamos andando sobre nubes que alivianaban nuestro peso y nos acariciaban los pies; bueno, en mi caso patas.</p>
<p>-¿Para donde vamos?- Le pregunté a Rimpori al mirar el horizonte sin destino.</p>
<p>-Buscamos un bosque- Me respondió sonriente.</p>
<p>Yo miraba como un estúpido, trataba de meter en mis ojos tanta paz condensada, tanta libertad tan… ¿libre?</p>
<p>Llegamos a un bosque. Los árboles no tenían hojas voladoras, de sus ramas estériles colgaban cuentos con las páginas hacia abajo, medio abiertos por la gravedad. Yo me adentré entusiasmado. Rimpori se posó debajo de un libro.</p>
<p>-Santiago- Me gritó.</p>
<p>Yo me hice a su lado.</p>
<p>-Mira hacia arriba- Me dijo.</p>
<p>Yo levanté mis ojos hacia uno de los libros en el árbol, de sus hojas salía la torre de un castillo. Rimpori se encaramó en el tronco y movió las ramas. Los libros se agitaron. Desde abajo yo podía ver entre las hojas unicornios, dragones, superhéroes, caricaturas; una inflación de imágenes fantásticas acompañadas de ruidos de caballeros y sus caballos galopantes, el sonido del mar, del carrito de helados, de campanas y villancicos, de gruñidos de osos y exhalaciones de poderosos dragones. Yo estaba absorto debajo de tantas historias tan emocionantes, tan sonoras.</p>
<p>-Ayudame- Me dijo Rimpori desde arriba.</p>
<p>-¿Qué hago?- Le pregunté impaciente- Mejor dicho ¿Qué estás haciendo?</p>
<p>-Estoy buscando tu libro- Me dijo agitado, cansado de mecer las ramas. Miró hacia los demás árboles- Ve y busca en todo el bosque.</p>
<p>Yo lo miré con el seño fruncido, reclamándole alguna explicación.</p>
<p>-Uno siempre sabe cuál es el libro de uno- Me dijo y cesó de mecer las ramas- Ten cuidado con los demás libros.</p>
<p>Yo asentí y salí a buscar el mío.</p>
<p>Traté de no apartarme mucho de Rimpori. Escogí el árbol de al lado. El tronco formaba una “y” con dos ramas gruesas y finas, estaba dispuesto a que yo me montara en sus lomos, pero mi cuerpo de tomate no. Alcé una pata para apoyarla en la abertura de la “y” e hice impulso con mi cuerpo fofo y blando, rojizo y arrugado prematuramente.</p>
<p>-Rimpori- grité desilusionando, casi llorando- Yo era capaz, te lo juro, yo era capaz- Le dije con mi pata apoyada en el tronco y con la impaciencia en los labios. Lloré.</p>
<p>Rimpori saltó al suelo preocupado, se acercó a mí y me abrazó.</p>
<p>-Necesitas ayuda, es todo- Me dijo con la voz quebrada a punto de llorar.</p>
<p>Se inclinó en el suelo y me ofreció las palmas de sus manos para ayudarme a subir. Un tomate sin brazos no es capaz de agarrarse  de la corteza. Cuando estuve arriba golpeé, con mi cuerpo fofo y amortajado, las ramas para hacerlas mover. Era insoportable el dolor de cada golpe, mi cabeza se comenzaba a marear, mis movimientos perdían intensidad, sin embargo seguí firme escuchando atentamente, haciendo el mayor esfuerzo para identificar los sonidos de mi niñez.</p>
<p>La impotencia de sentirme tomate. No quiero ser un tomate. Como va muriendo la alegría de un tomate. Como se le extinguen las fuerzas al tomate y cuando mi cara estuvo bañada en lágrimas caí al suelo… Un golpe seco y un “crack” me aplastaron los sesos. En un estado casi de inconsciencia vi como los labios de Rimpori se curveaban en una risa, pasando por la línea recta de la seriedad para terminar en un protuberante puchero de preocupación. Mientras yo era cobijado por un  dolor muy  fuerte en las piernas, casi anestésico . Las figuras de los árboles no se alcanzaron a unir cuando todo se volvió negro…</p>
<p>Un chillido de voces agudas. De preguntas estridentes fueron abriendo mis ojos. Las vibraciones en el suelo y el sonido metálico en fricción continua acuchillaban mi cuerpo. Manchas; manchas de colores como los ciegos que sólo logran ver los pigmentos infinitos en el espacio, y esas voces que comenzaban a meterse en mi cerebro; que hambrientas se incrustaban en mis ojos, mis oídos, mi nariz; tan haraganas que aprovechaban cualquier oportunidad que les daba mi cuerpo para meterse sin escatimar dolor. Más mortíferas que la luz.</p>
<p>Había una ventana a mi lado derecho, una silla alargada en frente de mí, movimientos bruscos, un maletero sobre la silla y una puerta al final de ésta, tras la ventanita pegada a la puerta podía ver un corredor vacío y obscuro.</p>
<p>-Estamos en un tren- Me dijo Rimpori a mi lado, sentado en una de las sillas alargadas, sostenía mi pata con sus muslos, mientras la otra descansaba en sus manos.</p>
<p>-Se te quebró- exclamo con una sonrisa forzada por alguna preocupación- parece que te voy a cargar.</p>
<p>Seguro que algo malo pasa, sin embargo, no me perturba su sonrisa a medias sino aquel ruido que comienza a dejarme ciego y sordo.</p>
<p>Manchas de colores, difusas, nos saludaban tras la ventana que da hacia afuera, su luminosidad incandescente iluminaba a todo el vagón y a mis ojos débiles que se apagaban por el exceso de luz.</p>
<p>-Nos alcanzan- gritó Rimpori alarmado.</p>
<p>Cuchillos en ondas sonoras, manchas, Rimpori, dolor, colores, luz, desasosiego, más manchas, chillidos estridentes, ruido, mi piel arrugada, lágrimas de Rimpori, lágrimas mías, dolor, ninguna explicación&#8230; El tren se detuvo…</p>
<p>Una avalancha de colores se abalanzó hacia delante pasando de largo por la ventana junto con un agudo y espantoso chillido que quebró los vidrios de las ventanas. El exterior olía óxido, a sangre dulce, a sangre de pitaya.</p>
<p>-Ahh-Suspiró Rimpori- No vienen por nosotros- Me dijo</p>
<p>-¿Qué son esas cosas? ¿Por qué estamos aquí?-Le pregunte mientras le recibía mi pedazo de pata quebrada.</p>
<p>-Cuando te caíste del árbol una patrulla de tomates venía. Son unos tomates veteranos que se secaron con la luz del sol y no huelen a nada, andan en motonetas recubiertas de un vidrio polarizado y recogen a los tomates rebeldes, yo me metí en el primer libro que encontré y caímos aquí, en el tren- me respondió con una tranquilidad acelerada.</p>
<p>-¿Sabes de quién es este libro?- Le pregunté</p>
<p>-Sí- Me repondió- El del capitán rojo.</p>
<p>Yo posé mis ojos sobre el cristal roto. Las manchas habían cesado sus agudos cantos y el cielo blanco aquietaba el tiempo, únicamente el olor a sangre se movía por entre la materia. Esto me recordaba a un sueño, al sueño de manchas, dolor en los oídos y un tren.</p>
<p>La niñez de mi capitán.</p>
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		<title>EL TOMATE DISCONFORME. CAP 8</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2009 04:47:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP8]]></category>

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		<description><![CDATA[Al despertarme, extraño el cálido rayo de sol que se colaba por mi claraboya. La casa está silenciosa. Mientras camino por el corredor obscuro pienso en la contradictoria vida de un tomate. Los gritos del joven tan inexacto y la tranquila vida donde uno no piensa ni se preocupa… Tal vez el tomate casi verde [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=54&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al despertarme, extraño el cálido rayo de sol que se colaba por mi claraboya. La casa está silenciosa. Mientras camino por el corredor <img class="alignright size-thumbnail wp-image-88" title="PSICODELIATOMATE copy" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/03/psicodeliatomate-copy3.jpg?w=150&#038;h=150" alt="PSICODELIATOMATE copy" width="150" height="150" />obscuro pienso en la contradictoria vida de un tomate. Los gritos del joven tan inexacto y la tranquila vida donde uno no piensa ni se preocupa… Tal vez el tomate casi verde se buscó el castigo. Quién lo manda a hablar antes del tiempo establecido, las reglas son para cumplirlas.</p>
<p>-Buenos días- Es la voz de mi tío. Yo me doy media vuelta para mirarlo</p>
<p>- ¿Dónde están todos?- le pregunto</p>
<p>-Trabajan- se me acerca- ¿Estás listo? Tú también vas a trabajar.</p>
<p>Yo asiento con los ojos y salimos de la casa.</p>
<p>Hoy los corredores están menos congestionados y el ambiente se empieza a tornar agradable. Sigo fiel al tomate arrugado, a mi capitán rojo. Al final uno se acostumbra al reguero de colores condensado en los pequeños corredores.</p>
<p>-Tengo hambre- Le digo.</p>
<p>-Buena señal- Me responde sin mirarme.</p>
<p>Recorremos varios corredores hasta que nos detiene una puerta ovalada que se abre automáticamente, nos acercamos a ella. Entramos a un patio circular con el piso de granito y varias materas con magnolias artificiales. Un tomate grande, jugoso, con un color rojo parejo y brillante camina hacia nosotros.</p>
<p>-Capitán- Le dice el tomate a mi tío. Me mira- su sobrino</p>
<p> Mi tío asiente. Aquel grandulón me detalla cada centímetro, cada mancha, cada relieve, observa mis parches de piel arrugada, juzga mi vejez prematura- Has dado lidia- Me dice. Yo agacho la mirada.</p>
<p>Mi tío toce exageradamente, yo lo miro. Hay un silencio incómodo. Aunque fueron varios segundos podría afirmar, por encima de mi muerte, que me quedé estancado en la eternidad. El grandulón da varias vueltas a mi cuerpo, me examina con sus ojos pequeños, me mira de frente y acerca su  nariz para olerme.</p>
<p>-Huele a leche- El grandulón mira a mi tío- Es rebelde- Da varias vueltas en su eje- Creo que debería empezar por arrancar flores, es el oficio más adecuado, por ahí empezamos todos.</p>
<p>-Allá hace mucho calor- Objeta mi tío. El grandulón ignora su comentario.</p>
<p>-Sabes donde- Le dice el grandulón al capitán rojo- Te vas a divertir- y desapareció tras una gran puerta de roble macizo.</p>
<p>Yo no dije nada tenía un frío en las piernas, un malestar en el estómago que me quitaba las ganas de caminar, sin embargo seguí al capitán hasta una gran habitación, ésta era diferente. Todos los lugares de los tomates eran iluminados con luz blanca, éste por el contrario, estaba bañado por un rojo intenso y pegajoso, caliente, diferente a la temperatura corporal de un tomate. La habitación era larga, con hileras de camas a ambos lados formando un corredor en el centro. Varios tomates, montados en diferentes camas, gemían mientras arrancaban con la boca florecitas enraizadas a las sábanas rosadas.</p>
<p>Rosas, sí. Rosas espinosas pero magníficas, rojas carmesí y una que otra blanca. Me di la vuelta para hablarle a mi tío, pero sólo reconocí la puerta de entrada y a mí allí solo sin saber qué hacer. Caminé por el corredor hasta que encontré una cama sin tomate y me arrodille en uno de sus costados.</p>
<p>Observé a mis compañeros de trabajo que gemían de alegría. Era extraño verlos arrodillados, arrancando lentamente las flores mientras reían y exhalaban placenteramente unos: “sí, sí”.</p>
<p>En mi cama las hermosas rositas dirigían sus moñitos perfectos y cerrados hacia mí y yo, con inseguros movimientos acercaba mi boca a una de ellas. Le mostré mis dientes de tomate, amarillos, perfectos, ella se recogió aún más cuando vio mis fauces sobre sus pétalos. Placer infinito, dulce como la pitaya o más dulce, más dulce que cien pitayas con azúcar. Flor de sabor acaramelado y cosquilloso. La gelatinosa sustancia llegó a mi estómago y desde adentro se mecía con fuerza, rozando su cálida textura con mi cuerpo… Ah placer infinito… ¡Qué buena vida la del tomate!</p>
<p>Acabé contento con aquella cama, satisfecho. Pero la gula me montó en otra y seguí comiendo.</p>
<p>¡Cuánto me pesó haber probado una rosa blanca! Le abrí mis fauces y ella, delicada, se introdujo en mí; pero una vez dentro afiló sus despiadadas espinas y me hizo llorar. Me senté como un niño desconsolado, como si me hubieran robado un bobón, como cuando mi hermano me quitaba las canicas. Los demás tomates que gemían observaban mi gran desilusión mientras exclamaban: “Sí, sí”.</p>
<p>Sólo paré de llorar cuando sonó un timbre. Todos salieron de la habitación. Yo seguí a la fila de tomates. Atravesamos una puerta hasta entrar a un salón normal, blanquito.</p>
<p>-Hola-Una  voz mecánica y cortada me sorprendió por detrás- ¿Tu Nombre? El mío es Diego.</p>
<p>Cuando terminó de hablar yo lo miraba extrañado. Según el manual. ¿Qué es lo que uno dice en estos casos?</p>
<p>-Hola- le respondí yo.</p>
<p>- Mi nombres es Diego y ¿El tuyo?- Preguntó algo inseguro- Me presento: Vivo  en 12465465763132 Cerca, Con mi mamá, soy casi nuevo me  gusta comer verbos, odio los  pronombres, arranco flores y sueño con hacer  puntos rojos perfectos- Lo dijo de corrido, una retahila aprendida de memoria, exacta.</p>
<p>&#8220;Este tipo debería irse a vivir con mi tío, es un perfecto tomate&#8221;- pensé.</p>
<p>-Yo vivo con muchos tomates, Llegué ayer- Le digo desinteresado</p>
<p>-Lloraste-  Lo afirma con temor.</p>
<p>-Son las espinas- Le respondí cortante.</p>
<p>-Las flores son placenteras pero dolorosas- Me dijo el tomate</p>
<p>-Sí- Le respondí</p>
<p>-Sí- Afirmó él.</p>
<p>-Ajá-y asentí</p>
<p>-Ajá-El otro hizo lo mismo que yo.</p>
<p>Hubo un momento de silencio.</p>
<p>-Hay que manejarlas- Interrumpió -porque es difícil entenderlas. Yo lo único que hago es que me las como y ya. El problema fue que trataste de entender una rosa blanca y esas son más complicadas.</p>
<p>-Ajá- Le respondí. Me incomodaba su declaración, porque si fuera por mí yo me quedaría comiendo flores por siempre.</p>
<p>-Uno se cansa- Me dijo y yo asentí para cortar la incómoda conversación.</p>
<p>La tarde se fue rápida. La mejor tarde de mi vida como tomate. “sí, sí”, “Que rico”, rojo, calor, aire caluroso y mucho placer. Después me la pasé buscando. Tenían razón, es divertida aquella incertidumbre. Corredores, puertas, tomates y sin ninguna meta&#8230; Placer infinito. </p>
<p> Al día siguiente me levanté muy temprano para encontrarme con mis hermosas rosas. Tenía mucha hambre. Mi tío no se apareció por la casa para despedirse, así que salí apresurado .</p>
<p>Flores; rojo; calor; placer; “sí, sí”; algunas espinas; unas lágrimas saladas pero sabrosas; “rico, rico”. Un leve descanso; palabras como: “me gustan las flores”, “yo como”, “sería usted tan amable”, “mi nombre es Santiago”… Después de mi agotador trabajo salí a buscar, como de costumbre, algo que yo no sabía.</p>
<p>Algo del pasado quedaba en mí porque rompí una de las reglas del tomate: La regla número 500 dice que no puedo explorar nuevos caminos de los que ya conozco a menos de que me los muestre algún tomate responsable de mí. Atravesé nuevas puertas hipnotizado por las luces del camino. Casi inconsciente, me encontraba en un lugar diferente, inmenso, lleno de flores artificiales y cuevas de piedra. Una de las cuevas estaba abierta, así que entré a buscar algo.Una luz difusa, enigmática y de procedencia indeterminada me permitía ver todo en aquel lugar. Era una habitación rústica y casi circular con una loza de piedra en el centro donde descansaba el cuerpo de un ser. Algo me decía, una fuerza extraña, que lo conocía. Alguna cosa que vi en otra vida o algo así. Esa cosa, tenía los ojos cerrados, se mantenía Lozano y colorido. A su lado derecho había unas vasijas que desprendían olores de esencias. Me le acerqué. Él me sintió porque mientras me acercaba vi sus ojitos abrirse&#8230; Los no tomates y cálidos, me producen misterio y mucho miedo.</p>
<p>-Sabía que ibas a venir- Me dijo con una voz cándida.</p>
<p>Yo lo miré asustado. Me estaba hablando una cosa que no sé qué es. Me quedé callado.</p>
<p>-Pitaya, pepitas de pitaya. ¿Recuerdas?- Me miró extrañado.</p>
<p>Yo lo seguía observando. Mi cabeza hacía un esfuerzo infinito por recordar. Aquella palabra me evocaba imágenes difusas.</p>
<p>Confianza o desconfianza. Mis piernitas blancas e indecisas se mecían hacia adelante y hacia atrás. Huyo o me arriesgo a este sentimiento.</p>
<p>Pupilas, hacía rato que no veía unas pupilas y tan negras, transparentosas, profundas, las pupilas de la eternidad, esas pupilas observaban mi cuerpo. Ahí se reflejaba mi montaña ya no tan verde, más bien amarilla, casi rojiza. Yo podía ver el mundo a través de esos cristales negros que dieron la vuelta y se perdieron tras una cabeza que salía de la cueva. cabeza, cabeza, me suena. Cabeza de no tomate, cabeza de humano.</p>
<p>-Humano- Grité</p>
<p>Y aquellas pepas traslúcidas se viraron hacia mí, lubricadas, humedecidas por una tristeza cambiante hasta convertirse en brillo refulgente de alegría.</p>
<p>-Casi humano- Me dijo- Imaginario-  Y Abrío sus pies, arqueó su columna y se posicionó como el capitán garfio repitiendo una orden crucial para su misión.</p>
<p>Mi capitán, el capitán malo, el cocodrilo, el dragón, piernas locas, la piedra de indiana jones, un amigo imaginario&#8230; mi mejor amigo</p>
<p>Un millón de imágenes de un pasado recordado a medias se abrieron ante mis ojos. Los parches lúcidos de mi niñez se completaron con sus restos flotantes que ahora armaban el rompecabezas de mi pasado. Reí dulcemente, una risa catártica, una risa que ni las flores me producían.</p>
<p>-Rimporí- Exclame despacio, como saboreando un helado de vainilla.</p>
<p>Él se acercó a mí.</p>
<p> -Te dije que al tercer día, que vinieras por mí al tercer día de mi crucificción, pero cuando miré era demasiado tarde y tu tío te había sacado de la habitación- me dijo con algo de prisa- Es tiempo de que salgamos de aquí.</p>
<p>-y ¿por qué?- le respondí alarmado- Ya no me quiero ir. La vida del tomate es sencilla, placentera y no hay que pensar mucho.</p>
<p>-La esperanza es lo último que se pierde- Susurró Rimpori para sí mismo, mientras se ponía en pie- Pensé que no querías ser un tomate, pensé que los colores del algodón de azúcar y la sensación del viento cálido eran tus premisas de vida. Se te olvidó muy rápido lo maravilloso de tener la boca empegotada de helado mientras sos un príncipe que pelea con un dragón- Dijo Indignado; Casi llorando- No es divertido hacerlo solo. Un amigo imaginario necesita su amigo real.</p>
<p>Mientras él repetía todo eso yo puede saborear el algodón de azúcar y el color del cielo. Las tardes de juego y la cocina en la oreja de mi peluche. Al instante se me olvidó el placer de las flores. El helado de vainilla reemplazó la dulzura del néctar de las rosas. Así que planeamos la fuga al mundo exterior.</p>
<p>-La luz del sol te mata de a poquitos. Los rayos ultravioletas son buenos para los niños más no para los tomates, así que tendrás tan solo horas para decidir qué camino tomar. Si decides ser un niño deberás ver todo lo que veías en el pasado y como arte de magia volverás a tener mejillas rozagantes y dientes de leche para comer con bocadillo- Esa fue la advertencia que me dio el mejor amigo que un niño puede tener.</p>
<p>Planeamos la fuga. Rimpori conocía un pasadizo a la casa y de allí caminaríamos hasta la puerta de salida. Salimos de la cueva mientras yo pensaba en el castigo que recibiría si era descubierto. Cualquier sonido, por más mínimo, me alarmaba al instante. Caminamos por entre materas y materas de flores artificiales. Caminamos hasta que Rimpori abrió una puerta camuflada como pedazo de pared. La blanca superficie dio una vuelta de trescientos sesenta grados y nos dejó al otro lado, frente al comedor de doce puestos.</p>
<p>Estábamos en uno de los extremos de la mesa, parecía infinita, parecía unirse con el horizonte. El vidrio en su superficie reflejaba todo rastro de luz y color. Me quedé estupefacto, hipnotizado por la textura de la madera plana, por la perfección del punto rojo en la mitad y por la candidez que mostraba aquel objeto que parecía cobrar vida en el silencio. Una fuerza me tiró al piso. Rimpori me había agarrado de los pies y ahora yo caía debajo de la mesa.</p>
<p>Dos de mis tíos entraron al salón. Desde allí pude ver sus extremidades golpetear el suelo. Dieron una vuelta. Hablaban en otra lengua. A mí me temblaban mis piernitas y me cogió ese frío en el estómago. Ya podía sentir el dolor de los rayos de luz en mis ojos como castigo. De pronto uno de los tomates se detuvo, sus pies quedaron en frente de mis ojos llenos de terror.</p>
<p>-Olor extraño, Olor a leche- Exclamó.</p>
<p>Sus piernecitas se inclinaban lentamente para mirar debajo de la mesa. Rimporí me cogió de los pies y me jaló fuera, los tomates gritaron alarmados: &#8220;Traidor, traidor, sobrino traidor, llamen al capitán&#8221;</p>
<p>Rimpori me llevaba en sus brazos mientras atravesaba las puertas giratorias. A la vez, nos seguían cinco tomates más aparte de mis tíos. Un ruido insoportable. Miles de palabras llenaron cada rincón de la casa. Aquellos fonemas crearon una cadena gigante que trataba de agarrarnos. Los tomates habían unido todo su arsenal dialéctico contra nosotros. Un latigazo golpeó a Rimpori que se balanceó hacia el piso sin caerse. Nuestros verdugos estaban próximos. Llegamos a la gran puerta. Rimpori sacó una llave para abrir la superficie maciza, mientras escuchábamos la mezcla de ruido sobre nosotros. Teníamos la cadena casi golpeando la espalda de Rimpori, a un centímetro y la chapa seguía dando vueltas. Rimpori logró abrir la puerta justo cuando las palabras comenzaban a atar su brazo. Con un pie dentro y otro afuera yo mordí una “t” que partió la cadena y cerramos la puerta dejando atrás el ruido de los tomates.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>EL TOMATE MECÁNICO. CAP 7</title>
		<link>http://metatongosis.wordpress.com/2009/05/14/el-tomate-mecanico/</link>
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		<pubDate>Thu, 14 May 2009 02:50:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP7]]></category>

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		<description><![CDATA[-Bien hecho- me dice mi tío cuando doy mis primeros pasos- Bien hecho, ya me imagino cuando te salgan los brazos, voy a llorar- Dice secándose una de sus lágrimas de cocodrilo.  Yo sigo consternado, triste. Mis mejillas están secas, duras y saladas. -Me encanta esa manchita roja- continuó. Yo dirijo mi mirada donde él [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=50&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>-Bien hecho- me dice mi tío cuando doy mis primeros pasos- Bien hecho, ya me imagino cuando te salgan los brazos, voy a llorar- Dice secándose una de sus lágrimas de cocodrilo. <br />
Yo sigo consternado, triste. Mis mejillas están secas, duras y saladas.<br />
-Me encanta esa manchita roja- continuó. Yo dirijo mi mirada donde él la tiene clavada. En la parte lateral derecha de mi figura un pequeño tinte rojo mancha el tapiz verde.<br />
-Es irremediable-Le digo con la voz cansada.<br />
-Es muy bueno, bienvenido- Exclama entusiasta el tomate arrugado y salimos de la habitación.<br />
Afuera las luces del corredor se encienden y una puerta que antes no se dibujaba en la pared ahora se abre para que entremos. Yo sigo a mi tío al cruzar el umbral. Entramos juntos a un lugar extraño, diferente de la casa vacía. Es un laberinto. Corredores de muros bajos, no hay puertas sino arcos y la congestión de tomates se traslada de un corredor a otro. No hay un solo rayo de sol, sólo luz blanca de lámparas de neón. No a las ventanas, no a los patios, únicamente corredores y tomates. Punticos rojos que caminan apresurados, estrujándose unos a otros.<br />
Sumergidos en el mar rojo, se siente la congestión y el frío corporal de la aglomeración de frutas. Mi cabeza no logra asimilar tantas formas y colores condensados. Las ramitas que me sostienen flaquean entre tanta congestión, son torpes y se tropiezan a menudo. Me siento como encerrado en color, como en una pesadilla cuando el monstro me persigue y yo me caigo y no soy capaz de correr. Huyendo de a poquitos, sin saber cómo, estoy en una habitación obscura. El telón negro se ve transgredido por un hilo de luz que lleva consigo una imagen y al chocar con la pared opuesta a su origen la proyecta. En el camino, el magnífico destello deja ver unas sillas ubicadas en frente de la pared blanca con la imagen dibujada.<br />
-Siéntate- Susurra mi tío.<br />
Yo camino inseguro, tambaleando, guiado por el resplandor amarillo hasta que logro sentarme. De cerca puedo distinguir la imagen: es un libro blanco con letras cuadradas que dicen “NORMALIDAD”. Percibo que mi tío se sienta a mi lado y comienza la función.<br />
Una canción institucional le da pie a la presentación del video, mientras, yo pienso en Rimpori, en su agonía… Respiración lenta y resquebrajada.<br />
-Atención que esto es serio- me dice mi tío balanceando su cuerpo contra mí.<br />
Fueron dos horas de la vida de un tomate.<br />
El reglamento:<br />
1. Todo tomate debe tener un trabajo<br />
2. Los tomates no refutan.<br />
3. Sólo se puede hablar con los formalismos de los tomates. Hay expresiones para cada momento.<br />
4. Ser tomate es muy divertido; en sus ratos libres buscan algo, no saben qué pero buscan.<br />
5. Un tomate no está conforme con lo que tiene.<br />
6. El tomate es mesurado.<br />
7. El tomate es preciso.<br />
8. Los tomates no se caen en público.<br />
9. Los tomates no intentan tomar otro camino hacia el trabajo, deben seguir la ruta que se les enseña el primer día de inducción.</p>
<p>El día diario del tomate:<br />
Se levanta; va a trabajar. Un descanso de media hora para socializar, a esta hora del día se utilizan muchos los saludos y las presentaciones personales. Más trabajo. Media hora para buscar. Más trabajo. A la hora de la comida es necesario una dieta balanceada, palabras de diferentes categorías: Una porción de verbos, tres de artículos, media de pronombres (El yo es malo para la circulación) y unas cuantas conjunciones (si se comen más conjunciones de la cuenta no hay postre).<br />
Una vez al mes hay un baño de luz que le permite a los tomates tener contacto con el aire puro.<br />
-Memorice- Interrumpe mi tío- Ahora hay examen de esto, si lo pasa mañana empieza a trabajar- Yo toso- La vida del tomate es muy divertida- Continúa y ríe mesuradamente.<br />
Ahora únicamente pienso en la “maravillosa” vida que me espera. Una vida tranquila y llena de certidumbre, pero a la vez equilibrada con ratos de luz y búsqueda sin sentido. No hay que pensar mucho y se come bien… ah ya comprendo, ya comprendo.<br />
Parece que mis piernas han mejorado su movimiento. La vida del tomate no es tan mala. Algún día me podré acostumbrar. Así que camino firme en mi resolución, pisando fuerte y con mi tío al lado. Atravesamos una serie de corredores. Tomates que caminan en todas direcciones, roces, golpes, congestión. Entramos a una habitación, blanca como las paredes de la casa, con un pupitre universitario en todo el centro justo encima de un punto rojo que fue puesto allí con las más minuciosas medidas.<br />
-Obra de las más alta ingeniería-Exclama mi tío- Yo sueño que algún día logres hacer cosas así, tan exactas. Ése es el oficio más virtuoso.<br />
Entramos, yo me siento en la silla.<br />
-ya viene el evaluador- Me dice mi tío- Quédate aquí, llegamos un poco temprano- y el tomate arrugado se pierde tras la puerta.<br />
Seguro pasó mucho tiempo. Yo estaba a la espera con el blanco en los ojos. Comenzaba a aburrirme.</p>
<p> Me arrepiento de haberme levantado de mi silla. Llevado por un impulso de curiosidad, salí al gran laberinto. Unas voces acopladas al unísono repetían, como las olas del mar, una oración. Un océano de formalismo, con el silencio contado para que comenzara de nuevo la misma frase. Así me la pasé, descifrando los fonemas pronunciados mientras me acercaba a la puerta entreabierta.<br />
Tomates, todos sentados en pupitres, de espaldas a la puerta mirando a una máquina que con sus palabras mecanizadas decía: “El yo es malo para la circulación”.<br />
Los tomates miraban un reloj de péndulo colgado en la pared que tenían al frente. El reloj marcaba cuatro segundos.<br />
-El yo es malo para la circulación-Repitieron los tomates. Inmediatamente el segundero caminó cuatro pasos y la máquina repitió “El yo es malo para la circulación”<br />
Me quedé callado observando la quietud de aquellos obedientes tomates. Todos jóvenes con más manchas verdes que rojas.<br />
-El yo es malo para la circulación-Dijo la máquina, pero esta vez uno de los tomates desequilibró el silencio. A los dos segundos, exactamente, dijo la frase. Al instante los demás lo miraron y la máquina vomitó un ronco ruido.<br />
-Alerta, alerta. Un inexacto- gritaba la máquina. Simultáneamente, a mi lado, pasaron Unos tomates casi negros como uvas pasas y unas pequeñas costras verdes que parecían florecitas… no, florecitas no, moho. Entraron a la habitación y pusieron a rodar al tomate inexacto fuera. Yo vi cómo pasaban a mi lado inodoros, casi muertos.<br />
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SANTIAGO!!!!!!!!!- Gritó mi tío.<br />
Yo di la vuelta, él estaba detrás de mí con el ceño fruncido, con la mirada obscura.<br />
-Camine-Me ordenó.<br />
Yo le seguí sumiso, con la mirada agachada. El pánico me cogió las rodillas y aunque no sabía qué podría perder por esta pequeña falta, un frío se apoderó de mi estómago. Corredores, tomates, frío corporal, luz artificial, más tomates y corredores, mis piernitas blancas y temblorosas.<br />
-Asómese- estábamos en una habitación, con una luz amarilla y chillona. En uno de los muros había un vidrio polarizado y a través de él yo podía ver una habitación con una puerta en el techo. Esperamos un momento. Yo agaché la mirada de nuevo, pero un ruido de puerta me sacó del onirismo en el que estaba. Al otro lado del vidrio vi cómo los tomates negros entraron pateando al pobre inexacto, lo tiraron debajo de la puerta del techo. Al levantarlo lo amarraron con una cadena de palabras, ésta tenía quince “desobedientes” unidos; le pusieron unas gafas en los ojos y salieron apresurados… Hubo un silencio y después la puerta en el techo se abrió lentamente. Los rayos de sol cayeron sobre el tomate, como el depredador que al ver su presa corre entusiasta tras ella. Con la fuerza de un laser, los rayos, penetraron la gruesa piel del tomate y la fue amasando, haciéndola blanda, mientras se escuchaban los perturbadores chillidos de dolor que lanzaba el inexacto. Me acerque al vidrio para ver bien aquella tortura. Cerré mis ojos cuando vi los suyos invadidos por la transgresora y filosa luz debajo de las lentes potenciadoras. Volteé mi vista, miré a mi tío, mi mirada le suplicaba huir de tan espectral escena y así lo hizo; abrió la puerta con un ademán que indicaba mi salida.<br />
Mis pensamientos seguían sumidos en el tortuoso castigo mientras presentaba mi examen y después acostado en la cama recordaba a mi tío.<br />
-La luz del sol tiene mucha verdad para los tomates- Me dijo- La verdad es buena, pero no en exceso, por eso nuestros mesurados baños cada mes- Se giró dándome la espalda- ¿Entiendes?<br />
-Entiendo, entiendo- susurré.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>RUEGA POR NOSOTROS LOS TOMATES. CAP 6</title>
		<link>http://metatongosis.wordpress.com/2009/05/08/ruega-por-nosotros-los-tomates/</link>
		<comments>http://metatongosis.wordpress.com/2009/05/08/ruega-por-nosotros-los-tomates/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 08 May 2009 03:13:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP6]]></category>

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		<description><![CDATA[Es una puerta gigantesca de roble macizo, yo soy un círculo amorfo al lado de tan espectral rectángulo que nace en la baldosa y asciende como un monstro monolítico maya. Ahí vienen las ramitas, golpetean la fría baldosa. Ti, ti, ti, ti. Delicados golpecitos que aumentan de amplitud. Yo miro la puerta. Mi carcelera tan [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=42&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es una puerta gigantesca de roble macizo, yo soy un círculo amorfo al lado de tan espectral rectángulo que nace en la baldosa y asciende <img class="alignright size-thumbnail wp-image-88" title="PSICODELIATOMATE copy" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/03/psicodeliatomate-copy3.jpg?w=150&#038;h=150" alt="PSICODELIATOMATE copy" width="150" height="150" />como un monstro monolítico maya.</p>
<p>Ahí vienen las ramitas, golpetean la fría baldosa. Ti, ti, ti, ti. Delicados golpecitos que aumentan de amplitud. Yo miro la puerta. Mi carcelera tan estática, al frente con su mirada  café e imponente.</p>
<p>-Vengo por Santiago- Es la voz del tomate más arrugado, me doy la vuelta, detrás de él están los demás tomates organizados en triángulo y en la punta, el tomate arrugado, me señala con su terrorífica mirada.</p>
<p>-Soy yo- digo temeroso. Resignado a mi destino como tomate, los demás caen al suelo cuando digo estas palabras. Puedo sentir un olor dulzón como a pepitas negras de pitaya, agradable. Desde mi estadía aquí no había sentido ninguna clase de aroma. Mientras trato de descifrar la fuente de tan extraño sentido, aspiro  una ráfaga de aire llena de aquel olor que pasa por mi lado derecho  y se abalanza sobre los tomates que están en el suelo.</p>
<p>Una espalda con una chompa y un montón de figuras rojas. Puedo escuchar las palabras de siempre. Es una danza en círculos. Tomates, chompa verde, palabras, palabras grandes, pequeñas, rabiosas, indefensas, se unen, se separan ,  juegan entre sí a la cadenita. Los chuzones en mi cerebro, el olor a sangre, la mirada perdida y las palabras más encadenadas: Control-orden-exactitud-presición-horario-puntualidad. La última palabra se une con la primera aprisionanado las extremidades del jóven y en unos segundos los tomates lo llevan cargado como a San Judas en la prosesión de jueves santo; amarrado con palabras y humillado.</p>
<p>Yo voy en una carreta, rueda, flota. Atravesamos puerta tras puerta, una tras otra, hundidas en el desesperante blanco. El tomate más arrugado comanda la fila yo voy detrás de él, sumiso, arrastrado por  dos tomates con parches verdes. Al final de la procesión el resto avanza con el muchacho en sus coronillas.</p>
<p>Pasamos al lado de la gran mesa de doce puestos y tomamos la dirección del corredor que se dirige a mi habitación.  Al final de aquel túnel se detiene el tomate arrugado, empuja la puerta y la sostiene dándonos paso a todos los que venimos atrás. Hay obscuridad total. Ningún rayo de luz se refleja tras la puerta. La claraboya y la ventana han desaparecido y en su lugar hay un par de parches de cemento frío. Yo miro al tomate arrugado, él entiende el miedo en mis ojos.</p>
<p>-Tranquilo, es fácil- me dice mientras entran los tomates con el muchacho- los baños de luz los hacemos juntos, mesurados, son temporales- Le hace una señal a los tomates que cargan al joven e inmediatamente éstos encienden las luces blancas y salen de la habitación- todos recibimos el baño a la misma hora, el conocimiento llega igual para todos. La luz no es buena para los tomates- dice ésto mientras se acerca al joven y lo obliga a recostarse a mi lado y sale de la habitación.</p>
<p>Hay un silencio profundo, un descanso de sentimiento. El muchacho se me acerca.</p>
<p>-Te van a matar- Me susurra al oído- yo no lo sabía, no sabía que mataban a los que no quieren madurar- Mira hacia la puerta.</p>
<p>Yo, algo preocupado por su comentario, dirijo la mirada hacia la puerta. Una superficie café, maciza (así como la gran puerta de la entrada), paulatinamente va apareciendo tras el muro. Hasta que puedo leer su forma; es una gran cruz.</p>
<p>El tomate más arrugado comanda la instalación de la cruz que crece imponente frente a nuestros ojos. Cuando todo está listo el comandante rojo se para en frente de los demás tomates, la base de la estructura le oculta media figura.</p>
<p>-Bueno, y ahora- le dice a los tomates- quién debe de morir, nuestro sobrino o el joven revolucionario- tose – Santiago o Rimpori.</p>
<p>¿Rimpori?.. Me suena tanto. Ese nombre se me hace familiar, tan familiar como el olor a pepitas de pitaya. Lo miro, él me devuelve la mirada. Reconozco esos ojitos tristes. Solía jugar Con ellos en mi niñez. Siempre estaban ahí. Ojos de dragón, de príncipe, de extraterrestre, de cocodrilo, de peligro, de adversario amigo… De amigo imaginario.</p>
<p>-Rimpori-Gritan todos enfurecidos.</p>
<p>Yo miro a ese joven, a ese niño sabio, pero él con esos ojos serenos se deja cargar por los tomates que, con las mismas palabras en cadena, lo atan a la cruz. Mientras, yo lloro de a poquitos, de goterita en goterita Y el comandante rojo, mi tío, me acomoda en primera fila para que presencie la agonía de mi mejor amigo.</p>
<p>-Ya no tienes ese motilado extraño- Le digo a Rimpori con la voz húmeda y resquebrjada.</p>
<p>Él sonríe y cierra los ojos. Un extraño escalofrío hace temblar la parte inferior de mi cuerpo. Sus brazos están atados a la cruz con esas cadenas de palabras. A los tomates les encantan esas palabras. ¿Qué es lo que dicen?</p>
<p>-En mi derecha &#8220;el trabjo es muy importante, no me puedo mover del escritorio&#8221;- solloza Rimpori con los ojos cerrados y la voz cansada- a mi izquierda &#8220;yo soy geógrafo, no explorador, no me ando recorriéndo el mundo&#8221;- Yo agacho la mi mirada húmeda y salada. mientras siento la agónica respiración de Rimpori, que exala e inhala aire con gran dificultad. Paralelamente el temblor del escalofrío aumenta y unos leves chuzones descienden hasta el suelo. Una inhalación fuerte y cansada y una ramita blanca que sale de mi cuerpo, una exalación corta y débil, y otra ramita blanca que sale de mi cuerpo y cuando llega el silencio, cuando un suspiro entrecortado deja de existir soy un tomate parado en dos ramas, preparado para vivir en el mundo de los tomates.</p>
<p>Mi amigo imaginario muerto y yo un tomate con piernas.</p>
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		<item>
		<title>EL TOMATE EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS. CAP 5</title>
		<link>http://metatongosis.wordpress.com/2009/04/16/el-tomate-en-el-pais-de-las-maravillas/</link>
		<comments>http://metatongosis.wordpress.com/2009/04/16/el-tomate-en-el-pais-de-las-maravillas/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2009 01:45:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>metatongosis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CAP5]]></category>

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		<description><![CDATA[Es una mesa rectangular. Hay mucha luz, luz inofensiva, luz artificial, amarilla. El joven descarga sus brazos en una de las sillas que rodean la infinita mesa de doce puestos. A mi alrededor no hay más que tomates. Yo miro al muchacho, sus ojos negros brillan fuerte. Esa mediana sonrisa no deja de preocuparme, observa [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=metatongosis.wordpress.com&amp;blog=7035179&amp;post=32&amp;subd=metatongosis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">Es una mesa rectangular. Hay mucha luz, luz inofensiva, luz artificial, amarilla. El joven descarga sus brazos en una de las sillas <img class="alignright size-thumbnail wp-image-89" title="metatongosis" src="http://metatongosis.files.wordpress.com/2009/03/metatongosis.jpg?w=150&#038;h=150" alt="metatongosis" width="150" height="150" />que rodean la infinita mesa de doce puestos. A mi alrededor no hay más que tomates. Yo miro al muchacho, sus ojos negros brillan fuerte. Esa mediana sonrisa no deja de preocuparme, observa a todos los tomates silenciosos. Hay un rebote de miradas. El joven mira los tomates y los tomates me miran. Yo sonrío, es una sonrisa producida por el impulso de un vacío en mi estómago (Me siento extraño al nombrar a esta cosa estómago pero no encuentro otro nombre apropiado)…</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">Han pasado dos minutos ¡Qué silencio! Las miradas formaron un hilo de tensión inquebrantable. Nadie se mueve, parece que estuvieran unidos por una tensión en los ojos. Puedo ver las líneas en el espacio, todas se dirigen a mí: Al tomate más verdoso . Miro al joven, él esta estático, sus ojos parecen que únicamente existieran para ver con esa tristeza alegre, con esa ternura rígida, con ese regaño burlón… Por más que trato de hacer conexión visual con él no lo logro. Me han detenido el tiempo. ¿Qué es peor? Si Los bruscos golpecitos de las preguntas socarronas o este silencio estático. Escucho unos tiernos ruiditos. Todo en esta casa se escucha, hasta las paredes tan blancas y planas tienen ese ruido del vacío, del silencio, de la incertidumbre. Ti, ti, ti, ti, ti es el agudo y suave sonido de una ramita que golpetea la fría baldosa. Ti, ti , ti, ti cada vez lo siento más cerca Ti, ti, ti ,ti. </span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">Hay un cambio en la atmósfera del lugar. La red de miradas se deshace y se forma una nueva. Todas las líneas recaen en un tomate arrugado, de un rojo intenso, <span> </span>en uno de sus costados tiene una gran mancha café que consume su piel, formando una hendidura profunda y arrugada. Desde aquí se ven algunas semillas amarillas que se deslizan por su ovalada figura, camina en un par de ramitas blancas. </span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">Todos miran al tomate: ojos de orgullo, de admiración; aumentaron de tamaño, son grandes. Las líneas que se dirigen hacia él son<span>  </span>más gruesas. ¿No ven que se comienza a podrir? ¿No ven que ya está roto? Sin embargo hay algo de él que me intriga;</span></span></span><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;"> el gran tomate puede caminar, Quizás yo también lo pueda hacer, tal vez los otros tomates caminen. Inmediatamente me inclino para mirar debajo de la mesa y ver que todos a mi alrededor tienen las mismas pequeñas ramas caminadoras.<span> P</span>asamos a el tercer cambio de atmósfera. Una mezcla de murmullos convierten el aire a mi alrededor en una cosa densa y ruidosa. Cuando miro encima de la mesa todos murmullan entre sí, dirigen despectivas miradas hacia mí. A mi alrededor se forma un nubarrón de palabras pequeñitas, son muchas. Son arañitas que aruñan con sus patas, diminutas pero letales, se multiplican por montones, las oigo dentro de mí, se vuelven más feroces al aumentar su amplitud, me llenan los oídos.. Ya no son tan socarronas ya son… Dolorosas.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">-Odio los días que hace sol.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">Ahhhhh y vuelve el silencio. El tomate arrugado- después de su redentor saludo- se sienta en la silla del fondo e inmediatamente todos aplauden, se observan entre sí y sus ojos se mueven aprobando la afirmación. Aplauden con fuerza. Tal vez lo dice porque es un tomate y madura con la luz, sin embargo yo sigo amando los días soleados al lado del mar.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">-Odio los días en que hace frío- Añade el tomate arrugado, mientras mira al joven que acata una señal, sale de la habitación y cruza una de las puertas pegadas en las paredes blancas. Todos aplauden de nuevo con esas caras planas de aprobación.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">-Odio los días- Termina por decir y todos aplauden con más fuerza. Uno de los tomates, con varias manchas amarillas, llora emocionado; el que está a mi derecha, que sólo luce una pequeña mancha verde contrastando un fondo rojo, ríe como si le hubieran contado el mejor chiste de su vida “sí,jajajaja, síjajajaja”. Dos se paran en sus sillas y aplauden con tal fuerza que parecen que sus brazos se agarraran de sus cuerpo y aplaudieran con el pecho. La mesa tiembla. Yo sólo puedo ver el mundo fraccionado; ojos llorosos, bocas abiertas de risotadas y toz, golpes de ramas debajo de la mesa, Sofocantes a tal punto que se convierten en sonidos. Imágenes que se transforman en ondas sonoras. Mi cuerpo se prepara para la angustiosa sensación en mi cerebro las palabras&#8230; las palabras&#8230;</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">“Si no me motila la abuela, me aguanto el calor”, “Si no hay hogado no como”, “Tráeme una silla o no voy así me muera de las ganas” “Odio los días en que hace sol” “Odio los días” “Ay no qué pereza la gente”.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">Todo forma un círculo a mi alrededor es insoportable, soy su eje central. Seguro que me están retando, me colman la paciencia. Los esquivo y mi mirada busca alguna salida. Mis ojos se mueven en todas las direcciones,<span>  </span>ahogados bajo el agua, anhelando llegar a la superficie, ya la veo, está cerca, ya la veo… Viene con una torta de cumpleaños. Es el joven que se había ido tras la orden del tomate arrugado y ahora aparecía por la misma puerta pegada a las blancas paredes con una gran torta negra envinada, la lleva en sus manos, me producen tanta paz sus ojos que se me olvida lo que me pasa.  “La torta negra es torta de viejito”- Pienso, río suavemente. El joven la coloca sobre la mesa, <span> </span>específicamente en el lado derecho.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">-Qué nunca se pierda el centro- Dice el tomate arrugado. Mira al joven. <span>C</span>on su ceño fruncido señala un punto rojo justo en el centro de la mesa- Si vuelves a poner algo fuera del centro nadie va a comer- Afirma fuerte y decidido. Su voz golpea pesada, es ronca, voz asesina, llena de puñales y piedras. </span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">El jóven agacha la cabeza y corre la torta, con un impulso suave y entrecortado, hacia el centro de la mesa. Estoy desconcertado. ¿Qué pasa? No entiendo. Las tímidas manos que corrieron la torta ahora hacen un brusco movimiento hacia los ojos del muchacho que llora desconsolado. “No llores”- Le digo. Los otros tomates me miran indignados.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">-Déjalo, es un chiquillo, pronto se irá. Querido sobrino- Dice el tomate arrugado mientras agarra, con una ramita, un cuchillo que le entregó uno de los otros tomates- Es Victorinox- Me mira- Con este cuchillo la parte más gruesa de la porción siempre mide tres centímetros, ni muy poco, ni tampoco mucho &#8211; Lo escucho pero mis pensamientos se encuentran tras la puerta pegada a la blanca pared, allí desapareció el desventurado muchacho, tan achantado que me dan ganas de llorar- No queremos obesos en la familia- continúa diciendo el tomate arrugado- Querido sobrino- Me sonríe. No es una sonrisa de felicidad, es una sonrisa de orgullo. Cree que tiene la razón. Tengo miedo. Desde que el joven salió corriendo me siento metido en el infierno. </span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">En un intento por deshacerme de todo esto exclamo tímido: &#8220;¿Puedo ir al baño?&#8221;</span></span></span><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;"> </span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">- ¿El baño? Esas cosas no se mentan en la mesa- Dice el tomate a mi lado. Muy rígido- ¿Quieres ser el culpable de que nadie coma en esta agradable mesa el día de su cumpleaños?</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Calibri;">¿Qué puedo hacer yo? Agachar la cabeza y en un impulso inconsciente de supervivencia me tiro de la silla, ruedo por el piso desesperado. Ruedo, ruedo, ruedo, veo el mundo dar vueltas… Esperen, estoy rodando… ¿A dónde?.. no sé, solo rueda que los otros tomates van detrás de tí. Paso todas las puertas, son giratorias, es una sensación similar a la de traspasar las paredes… Corre que lo tomates vienen detrás de tí. vueltas, puertas giratorias, cruzo paredes enteras, vueltas, vueltas y &#8230; ¡PUFF! Una puerta, hasta aquí puedo llegar.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0 0 10pt;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:small;font-family:Calibri;"> </span></span></p>
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